miércoles, 9 de marzo de 2016

Racionalismo - Empirismo

    Profesora: Antonella Mármol Vila.
    Asignatura: Filosofía.
    Curso: 5º año.
Racionalismo - Empirismo

¿Cuáles son las fuentes del conocimiento?

Uno de los principales problemas gnoseológicos abordados por la teoría del conocimiento es aquel que se cuestiona dónde se originan los conocimientos que poseemos los seres humanos. Frente a la problemática de determinar su origen, han surgido distintas respuestas, cada una de las cuales intenta brindar una explicación que pueda dar solución a interrogantes tales como: ¿Dé dónde surgen nuestros conocimientos?; ¿Provienen todos del mundo exterior y son captados por nuestros sentidos o es que por el contrario nacemos ya con determinados conocimientos, los cuales podemos desarrollar y acrecentar con la ayuda de los sentidos?
Pues bien, para trabajar sobre lo planteado debemos remitirnos a dos doctrinas filosóficas que se ocupan de brindar una explicación respecto del origen de los conocimientos, cada una de las cuales se apoya para ello en ciertos postulados que resultan no ser compatibles con los propios de la doctrina contraria. Nos estamos refiriendo concretamente al racionalismo y al empirismo.

                                                                     Racionalismo


Es la corriente filosófica nacida en Francia durante el Siglo XVII, la cual sostiene que el inicio de nuestros conocimientos no se encuentra en los datos que nos son proporcionados por nuestros sentidos, sino que los conocimientos que poseemos tienen como punto de partida las ideas propias del espíritu humano.
Johannes Hessen, ofrece una definición de la doctrina que es interesante presentar en esta instancia, debido a que en la misma se mencionan de forma clara y explícita cuáles son aquellas características definitorias de la misma, lo cual es expresado por el filósofo de la siguiente manera: “La posición epistemológica que ve en el pensamiento, en la razón, la fuente principal del conocimiento humano, se llama racionalismo (de ratio = razón). Según él, un conocimiento sólo merece, en realidad, este nombre cuando es lógicamente necesario y universalmente válido. Cuando nuestra razón juzga que una cosa tiene que ser así y que no puede ser de otro modo; que tiene que ser así, por tanto, siempre y en todas partes, entonces y sólo entonces nos encontramos ante un verdadero conocimiento, en opinión del racionalismo. (…) Todo verdadero conocimiento se funda, según esto - así concluye el racionalismo -, en el pensamiento. Éste es, por ende, la verdadera fuente y base del conocimiento humano.” [1]
Pues bien, en base a lo anteriormente señalado, nos es posible expresar que toda postura filosófica que considere a la realidad ordenada, y por tanto descifrable, gobernada por ciertos principios inteligibles, se apoya en los postulados adoptados por el racionalismo (véase anexo 1). Dicho esto, puede resultar de gran ayuda remitirnos a Galileo Galilei (matemático, físico, astrónomo y filósofo italiano) quien proporcionó una explicación metafórica que resulta ser de gran ayuda para entender la esencia del pensamiento racionalista, a saber: la idea de que el mundo es como un libro que se encuentra escrito con caracteres matemáticos, y que por lo tanto, es totalmente legible y comprensible.
El racionalismo, concibe que es posible llegar a adquirir conocimientos científicos válidos universalmente y a los cuales es posible acceder a través de la razón. En este sentido, es importante señalar que la obra “Discurso del método” de René Descartes - quien es considerado como uno de los mayores exponentes del racionalismo - puede considerarse como el manifiesto en donde se encuentran contenidas las ideas que fundamentan las principales características de la doctrina en cuestión, ya que en dicha obra se afirma la posibilidad de construir todo el saber humano sobre ciertas evidencias que la mente intuye como ideas claras y distintas (conceptos que serán trabajados cuando trabajemos sobre la concepción del conocimiento como representación).
Uno de los principales postulados de esta doctrina es la afirmación de la existencia de las denominadas ideas innatas, es decir, ideas con las cuales el sujeto nace, y que por lo tanto no se adquieren a partir de la experiencia sensorial, sino que se hallan  grabadas en el espíritu o mente humana. Descartes expresa esto en un pasaje de su obra “Meditaciones metafísicas” de la siguiente manera: “Lo que me parece que ahora he de tratar especialmente es el hecho de que encuentro en mí innumerables ideas de ciertas cosas que, aun cuando tal vez no existan fuera de mí, no se puede decir por ello que no sean nada; y aunque las piense a mi arbitrio no las invento yo, sino que tienen una naturaleza verdadera e inmutable.”  [2]
Refiriéndonos concretamente a la razón (res cogitans), de la cual se derivan los conocimientos humanos según el racionalismo, debemos expresar que Descartes concibe que la misma, además de ser idéntica en todos los hombres (debido a que, según su pensamiento es la “cosa” mejor repartida en el mundo, ya que todos tenemos razón) es la única guía que debe seguir el científico en su labor. Según dicha concepción, el racionalista no debe dejarse influenciar por prejuicios ni tampoco permitir que teorías que resultan ser imposibles de demostrar interfieran en los recorridos que debe caminar el entendimiento humano. Es a partir de dichas consideraciones que podemos comprender por qué el racionalismo otorgó tanta relevancia a los conocimientos matemáticos.
Ahora bien, una vez señaladas las características definitorias del racionalismo, resulta interesante presentar también ciertas reflexiones críticas que Hessen ha esbozado en referencia al mismo, las cuales son exhibidas a continuación: “El mérito del racionalismo consiste en haber visto y subrayado con energía la significación del factor racional en el conocimiento humano. Pero es exclusivista al hacer del pensamiento la fuente única o propia del conocimiento. Como hemos visto, ello armoniza con su idea del conocimiento, según el cual todo verdadero conocimiento posee necesidad lógica y validez universal. Pero justamente este ideal es exclusivista, como sacado de una forma determinada del conocimiento, del conocimiento matemático. Otro defecto del racionalismo (con excepción de la forma últimamente citada) consiste en respirar el espíritu del dogmatismo. Cree poder penetrar en la esfera metafísica por el camino del pensamiento puramente conceptual. Deriva de principios formales, proposiciones materiales; deduce, de meros conceptos, conocimientos. (Piénsese en el intento de derivar del concepto de Dios su existencia; o de definir, partiendo del concepto de sustancia, la esencia del alma.) Justamente este espíritu dogmático del racionalismo ha provocado una y otra vez su antípoda, el empirismo.” [3]
La crítica expresada por Hessen, apunta a señalar las deficiencias de la concepción racionalista, precisamente, al identificar a la razón como poseedora de un valor absoluto, con lo cual resulta inevitable el menosprecio dirigido a los datos sensoriales, es decir, aquellos datos provenientes de la experiencia y que adquirimos a través de nuestros sentidos.
Asimismo, es importante destacar que, una de las consecuencias de adherir a una postura tan radical como lo es el racionalismo, puede conducir a menospreciar incluso la necesidad de verificar las teorías en la práctica, es decir, de llevar a cabo la contrastación empírica, es por ello que al enfrentarse de esta manera con los postulados esenciales del empirismo, en muchas ocasiones el racionalismo terminó por hacer propia una postura mediante la cual se hacía imposible realizar un desarrollo cabal de las ciencias, ya que según lo señalado con anterioridad, los trabajos científicos no son concebidos como descripciones de la realidad natural, sino la construcción de modelos teóricos que no han de ser sometidos a experimentación.

                                                                      Empirismo

š                                                                     ¿Los conocimientos derivan de los sentidos o éstos nos engañan?

Para comenzar a señalar los caracteres definitorios de empirismo, nos remitiremos nuevamente a Hessen, quien nos brinda una definición del mismo, a saber: “El empirismo (de έμπειρία = experiencia) opone a la tesis del racionalismo (según la cual el pensamiento, la razón, es la verdadera fuente del conocimiento) la antítesis que dice: la única fuente del conocimiento humano es la experiencia. En opinión del empirismo, no hay ningún patrimonio a priori de la razón. La conciencia cognoscente no saca sus contenidos de la razón, sino exclusivamente de la experiencia. El espíritu humano está por naturaleza vacío; es una tabula rasa, una hoja por escribir y en la que escribe la experiencia. Todos nuestros conceptos, incluso los más generales y abstractos, proceden de la experiencia. Mientras el racionalismo se deja llevar por una idea determinada, por un ideal de conocimiento, el empirismo parte de los hechos concretos. Para justificar su posición acude a la evolución del pensamiento y del conocimiento humano. Esta evolución prueba, en opinión del empirismo, la alta importancia de la experiencia en la producción del conocimiento. El niño empieza por tener percepciones concretas. Sobre la base de estas percepciones llega paulatinamente a formar representaciones generales y conceptos. Éstos nacen, por ende, orgánicamente de la experiencia. No se encuentra nada semejante a esos conceptos que existen acabados en el espíritu o se forman con total independencia de la experiencia. La experiencia se presenta, pues, como la única fuente del conocimiento.” [4]
A partir de la definición planteada, podemos comenzar a visualizar no sólo las notas distintivas de dicha doctrina filosófica, sino también identificar las diferencias sustanciales que la misma presenta con relación al racionalismo. En efecto, mientras que para la postura racionalista el origen de los conocimientos se halla en la razón o pensamiento, para el empirismo el origen de los conocimientos se encuentra en la experiencia, es por ello que, como expresa García Morente, el empirismo puede ser definido como: “el esfuerzo más grande que se conoce en la historia del pensamiento humano para reducir el pensamiento a pura vivencia”. [5] Pues bien, ¿qué implica lo dicho? entre otras cosas, que no es posible que existan ideas que precedan a la experiencia, es decir, que no existen las llamadas ideas innatas.
La mente del sujeto, al nacer, no trae consigo conceptos ni ideas, y por lo tanto no puede llegar a conocer nada hasta que el sujeto comience a experimentar ciertas vivencias. Dicha concepción ha llevado a los empiristas a imaginar que la mente es como un papel en blanco, como una tabula rasa, en la cual se irán acumulando contenidos, por ejemplo mediante estímulos visuales o auditivos, entre otros, o a través de experiencias tales como la que nos brinda la educación.
Todo lo señalado, nos conduce a expresar que según dicha postura gnoseológica, el conocimiento halla su validez mediante su relación con la experiencia, y que entonces, resulta ser la experiencia la base de todos los conocimientos, de su origen y de sus contenidos también, lo cual implica a su vez que es necesario partir del mundo sensible (el mundo al cual accedemos mediante nuestros sentidos) a fin de poder elaborar conceptos, los cuales como consecuencia hallarán en lo sensible su justificación.
Pues bien, a fin de ilustrar la postura empirista, tomaremos una cita de texto perteneciente al filósofo empirista David Hume, quien en su obra “Investigaciones sobre el entendimiento humano” alude a la importancia que posee la experiencia [6] en la adquisición de los conocimientos, lo cual es expresado cuando el pensador en cuestión argumenta que: “(…) aunque nuestro pensamiento aparenta poseer esta libertad ilimitada, encontraremos en un examen más detenido que, en realidad, está reducido a límites muy estrechos, y que todo este poder creativo de la mente no viene a ser más que la facultad de mezclar, trasponer, aumentar, o disminuir los materiales suministrados por los sentidos y la experiencia.” [7]
Es de destacar que la idea expresada en el fragmento de texto, pretende subrayar la concepción humeana acerca de que no hay ninguna libertad en la razón humana, por el hecho precisamente de que los sujetos nos hallamos “atados” a los sentidos y a un funcionamiento mecánico de nuestro entendimiento. Como consecuencia, Hume concibe que el conocimiento humano se encuentra limitado al material que le proporcionan los sentidos.
Una vez mencionado lo anterior, me interesa destacar el hecho de que si nos remitimos a lo señalado en el primer repartido temático, en el cual se trabaja específicamente sobre el problema del conocimiento, recordaremos que el conocimiento fue definido, en sentido general, como una correlación entre un sujeto y un objeto, la cual se encontraba dada mediante el pensamiento, es decir, que como elementos esenciales del conocimiento se reconoce un sujeto cognoscente y un objeto cognoscible, cuya vinculación entre ambos se establece gracias al pensamiento, el cual obra en tanto bisagra. Es precisamente en este sentido que el filósofo español Manuel García Morente realiza una crítica al empirismo, particularmente al empirismo inglés, a través de la cual señala que quienes se reconocen empiristas, desconectan entre sí los tres elementos mencionados, y más precisamente, toman el elemento que corresponde al pensamiento y lo aíslan de los otros dos, haciendo del mismo una vivencia.
Según García Morente, el empirismo inglés elimina del pensamiento todo lo que éste tiene de lógico, y en ese sentido, manifiesta que la consecuencia de ello es la supresión de la objetividad de los conocimientos.






Bibliografía utilizada

-        Cuvillier, A.; “Filosofía general. Metafísica”; Editorial Alfa; Bs. As.; 1962.
-        Descartes, René; “Discurso del método” y “Meditaciones metafísicas”; Colección Austral; Espasa – Calpe, S.A.; Madrid; 1975.
-        Ferrater Mora; “Diccionario Filosófico Ferrater Mora”; Editorial Alianza; Madrid; 1979.
-        Frassineti De Gallo, Martha; Salatino De Klen, Gabriela; “Filosofía: Esa búsqueda reflexiva”; A-Z Editora; Bs. As.; 1993.
-        García Morente, Manuel; “Lecciones preliminares de filosofía”; Editorial Losada S.A.; Bs. As.; 1938.
-        Herder; “Diccionario de Filosofía”; Edición digital; Editorial Empresa Herder, Copyright; Barcelona; 1996-1998.
-        Hessen, J.; “Teoría del conocimiento”; Editorial Espasa-Calpe S.A., 10ª edición; Madrid, 1964.
-        Hume, David; “Investigaciones sobre el entendimiento humano”; Editorial Alianza; Madrid; 1983.




























[1] Hessen, J.; “Teoría del conocimiento”; Editorial Espasa-Calpe S.A., 10ª edición; Madrid, 1964.
[2] Descartes, René; “Discurso del método” y “Meditaciones metafísicas”; Colección Austral; Espasa – Calpe, S.A.; Madrid; 1975.

[3] Ídem nota 1.
[4] Ídem nota 1.
[5] García Morente, Manuel; “Lecciones preliminares de filosofía”; Editorial Losada S.A.; Bs. As.; 1938.
[6] Nota – Es importante destacar que Hume entiende a la experiencia como un conjunto de impresiones de las cuales desconocemos sus causas.
[7] Hume, David; “Investigaciones sobre el entendimiento humano”; Editorial Alianza; Madrid; 1983.

Teoría del conocimiento

    Profesora: Antonella Mármol Vila.
    Asignatura: Filosofía.
    Curso: 5º año
Teoría del Conocimiento

Cuando en filosofía abordamos cuestiones referidas al conocimiento humano, es importante comenzar por plantearnos ciertas interrogantes a fin de indagar cuáles son aquellas nociones que tenemos respecto del mismo. Ahora bien, ¿A qué nos referimos cuando hacemos alusión ello? Pues bien, nos referimos concretamente al hecho de realizarnos a nosotros mismos ciertas preguntas con la finalidad de poner en cuestión la problemática del conocer, problemática que tal vez antes de poner en duda las nociones sobre las cuales trabajaremos, no había sido reconocida como tal.
A los efectos de descubrir qué ideas tenemos asimiladas en relación al conocimiento, resulta necesario comenzar por plantearnos interrogantes tales como ¿Qué podemos conocer?; ¿Cómo podemos conocer?, y es más, hasta podemos llegar a trazarnos un camino de indagación más profunda, arribando preguntas que van más allá de las señaladas, como por ejemplo ¿Puedo conocer? o también ¿Me es posible no conocer? Como es posible observar, estas preguntas nos ponen frente a un horizonte de cuestiones problemáticas sobre las cuales podemos llegar a manejar diferentes respuestas, según sea la concepción filosófica hacia la cual nos sintamos más inclinados.
Pero entonces, si ello es así, una vez planteadas estas cuestiones es fundamental acercarnos a dichas posturas filosóficas, para lo cual previamente resulta preciso entender a qué nos referimos cuando hablamos de conocimiento, y particularmente, a qué nos referimos cuando hablamos de teoría del conocimiento.

Conocimiento

Comenzaremos por la definición de conocimiento, y para ello nos remitiremos a la conceptualización presentada por el Diccionario de Filosofía Herder, la cual expresa que el término “conocer” proviene del latín cognoscere: llegar a conocer, saber, que a su vez remite al griego gignoskein: saber, reconocer. Dada la proveniencia etimológica del término, se explicita que, desde el ámbito psicológico, el conocimiento es el “término final del proceso psicológico por el cual la mente humana capta un objeto. En este sentido, es una representación que supone un proceso de conocimiento.” [1] Por otro lado, si nos remitimos al área competente de la epistemología, por conocimiento se entiende la “relación que se establece entre un sujeto y un objeto, mediante la cual el sujeto capta mentalmente (aprehensión) la realidad del objeto”, señalando a continuación que “el proceso del conocimiento, así entendido, constituye el objeto de estudio de la teoría del conocimiento.” [2]
Por otra parte, es importante referir a lo que se concibe por conocimiento en la filosofía actual, y en este sentido debemos indicar que en la misma predomina la definición de conocimiento como un “saber proposicional”, o un “saber que”. Sin embargo, no basta con decir que el conocimiento consiste en lo señalado si inmediatamente después no explicamos qué es lo que se pretende que se entienda a través de las expresiones señaladas. Es por ello que debemos explicitar, por un lado qué es conocer, y por otro lado qué es saber.
Si nos remitimos nuevamente al Diccionario de Filosofía Herder, lo primero que debemos señalar es que para que exista conocimiento, es necesario que se den ciertas condiciones elementales, a saber:

·        S es el sujeto.
·        P cualquier enunciado que el sujeto dice saber.

Dicho en otros términos, S sabe que P si y sólo si es verdad que P, S cree que P y, además, S está justificado en creer que P.

¿Qué significa la expresión citada con anterioridad? Significa que para saber algo, es necesario que ello sea verdad, que lo creamos y que tengamos razones para creerlo (y por lo tanto que ninguna de estas razones sea falsa). Es por ello que podemos expresar que entendemos por “conocimiento” una creencia verdadera justificada.
En la misma línea de pensamiento, si nos remitimos al filósofo alemán Johannes Hessen, podemos decir que en el fenómeno del conocimiento se encuentran frente a frente la conciencia y el objeto, o lo que es lo mismo: el sujeto y el objeto. Por lo tanto, el conocimiento puede definirse como una determinación del sujeto por el objeto. Dicho lo anterior, podemos comprender la definición de conocimiento como una creencia verdadera justificada, debido a que ello implica que un conocimiento es verdadero si su contenido concuerda con el objeto mencionado.


  • Conocer y Saber


En este momento nos abocamos directamente hacia la distinción entre conocer y saber. Para ello señalamos que “Conocer indica un contacto consciente con el objeto conocido a través de la experiencia y, en concreto, de la percepción, en oposición a saber que es un conocimiento por conceptos e ideas.” [3]
Profundizando más en la distinción aludida, podemos señalar que saber es exclusivo y propio del hombre, mientras que, tanto los hombres como los animales, pueden conocer. En este sentido, se conocen cosas y se sabe verdades o proposiciones verdaderas. Asimismo, podemos afirmar que mientras que conocer constituye un proceso perceptivo directo e inmediato, que se justifica por sí mismo, saber, por el contrario, consiste en un proceso indirecto, mediato e inferencial, es decir, sustentado en razones.

Teoría del Conocimiento

Como ha sido trabajado en clase, la teoría del conocimiento puede también ser denominada como gnoseología. Pero ¿Qué es la teoría del conocimiento? Pues bien, es una reflexión sobre el proceso del conocimiento humano y los problemas que se plantean en el mismo, y precisamente, como reflexión que es, supone una actividad de segundo orden sobre una actividad primera que es el conocer o el conocimiento, el cual a su vez es su objeto de estudio, pero es al mismo tiempo, una interpretación o explicación del fenómeno del conocer, según el principio de que “nadie sabe que P, a menos que sepa también cómo sabe que P”.
Por todo lo dicho, es que suele definirse a la teoría del conocimiento como un estudio crítico de las condiciones de posibilidad del conocimiento humano en general, estudio que se encarga de dar respuesta a cuestiones tales como:


  •     ¿Es posible el conocimiento?
  •     ¿En qué consiste conocer?
  •     ¿Qué queremos decir cuando decimos que sabemos o conocemos algo?
  •     ¿Qué podemos conocer?
  •     ¿Podemos aprehender la realidad tal cual es?
  •     ¿Cómo sabemos que lo que creemos acerca del mundo es verdadero?
  •     ¿Afectan al conocimiento nuestros conceptos, nuestro lenguaje?
  •     ¿El conocimiento está influenciado por condicionamientos culturales o históricos?
  •     ¿Quién sabe cómo es realmente el mundo?
  •     ¿Qué saben los que creen conocer el mundo?
  •     ¿El mundo es tal y como lo vemos, oímos y tocamos?
  •     ¿Cómo es posible un conocimiento digno de crédito?

Johannes Hessen, en su reconocida obra “Teoría del conocimiento”, procura presentar la esencia misma del fenómeno del conocimiento, para lo cual comienza explicando que dicho fenómeno se basa en una relación entre un sujeto y un objeto, siendo esta dualidad una característica esencial del conocimiento. Es importante señalar, además que, esta relación es también una correlación, dado que no hay lo uno sin lo otro, y porque además, la presencia de uno supone la del otro. Esta correlación se entiende como una apropiación o captación que el sujeto hace del objeto a través de la producción de una imagen del mismo, o de una representación mental del objeto, como resultado de una modificación que el objeto logra causar en el sujeto.
 


Sujeto    imagen   Objeto



Con respecto a la modificación aludida, debemos señalar que la misma refiere básicamente a la percepción del objeto, en la cual el sujeto que conoce no está simplemente pasivo y receptor, sino receptor y espontáneo.
Los objetos conocidos, pueden ser reales – como las cosas físicas del mundo – o pueden ser ideales – como los números y las figuras geométricas – pero lo que tienen en común todos ellos es el hecho de que todos son, en cuanto conocidos, independientes del espíritu humano.
Llegados a este punto, es pertinente esbozar cuáles son aquellos problemas principales de los cuales se ocupa la teoría del conocimiento, según Hessen. Ahora bien, ¿Todos sabemos a qué nos estamos refiriendo cuándo en filosofía hablamos de problemas?
La pregunta presentada, tal vez no resulte de particular importancia si la leemos desde la óptica de lo que cotidianamente entendemos por problema, pero es de destacar que en filosofía, la noción de problema resulta ser de fundamental importancia, entre otras cosas, porque como todos sabemos, la labor filosófica consiste en la búsqueda constante de respuestas a cuestiones que generalmente no se nos muestran tan evidentes en su solución, y que por lo tanto, suponen ciertas dificultades para llegar a la misma.
Para explicitar qué es a lo que referimos cuando hablamos de problema, nos remitimos a la definición que fuera esbozada por el filósofo español Julián Marías, quien al respecto ha expresado que:
“El verbo griego del que se deriva el sustantivo ‘problema’ quiere decir lanzar o arrojar delante. Problema significa, ante todo, algo saliente, por ejemplo, un promontorio; de un modo más correcto, un obstáculo, algo con que me encuentro delante; y por extensión metafórica, lo que llamamos usualmente problema intelectual. Pero repárese en que para que algo me sea obstáculo no basta con que esté ahí delante; también tengo delante la pared y ésta no me sirve de obstáculo, sino de abrigo (…); para que se convierta en obstáculo, no es suficiente su presencia ante mí: hace falta que yo necesite pasar al otro lado, precisamente a través de ella; entonces es efectivo obstáculo, en la forma concreta de lo que los griegos llaman ‘aporía’, es decir, falta de poro o agujero por el que salir de una situación. Podemos decir, por tanto, que uno de los elementos reales que integran un problema es la situación en que como tal se constituye; y una formulación de los problemas que omita esa situación, es en el sentido más riguroso, una formulación incompleta, abstracta y, en suma, ficticia.” [4]
Es precisamente por la caracterización de “problema”, por la cual es posible afirmar que:
1.      Todo problema (incluso aquel que se encuentre referido al conocimiento) hay que considerarlo en situación, no sólo a nivel del individuo, que es quien conoce, sino a nivel de los grupos humanos que han ido en su historia decantando sus conocimientos (en la ciencia, en el arte, en sus valores, etc.).
2.      El conocimiento no es “problema” porque por su propia índole nos aboca a la verdad, esto es, si al conocimiento le fuera indiferente la verdad o falsedad de las cosas, éste no sería ningún problema, pero sin embargo sabemos que generalmente a lo que se aspira es a “alcanzar” la verdad.

š    Los cinco problemas principales de la teoría del conocimiento reconocidos por Hessen

1.      La posibilidad del conocimiento humano:
      ¿Puede realmente el sujeto aprehender el objeto?
2.      El origen del conocimiento humano:
      ¿Es la razón o la experiencia la fuente del conocimiento humano?
3.      La esencia del conocimiento humano:
      ¿Es el objeto quien determina al sujeto o es al revés?
4.      Las formas del conocimiento humano:
      ¿El conocimiento es racional o puede ser intuitivo?
5.      El criterio de verdad:
      ¿Cómo sabemos que nuestro conocimiento es verdadero?

A modo de conclusión de la temática, es importante detenernos en las reflexiones que acerca de la teoría del conocimiento ha realizado el filósofo Otto Friedrich Bolnow, las cuales se expresan de la siguiente manera:
“La teoría del Conocimiento clásica se caracterizaba por la búsqueda de un punto a partir del cual se pudiera construir un sistema de conocimiento y comprensión seguro de la realidad, previa expulsión de todo lo dudoso. Sin embargo, este punto arquimédico no existe; el hombre vive en un mundo comprendido y no tiene sentido buscar un punto inicial que le permita reconstruir la verdad desde la base.” [5]



 – Bibliografía utilizada

-        Bollnow, Otto F.; “Introducción a la filosofía del conocimiento. La comprensión previa y la experiencia de lo nuevo”; Amorrortu Editores; Bs. As.
-        Cuvillier, A.; “Filosofía general. Metafísica”; Editorial Alfa; Bs. As.; 1962.
-        Ferrater Mora; “Diccionario Filosófico Ferrater Mora”; Editorial Alianza; Madrid; 1979.
-        Frassineti De Gallo, Martha; Salatino De Klen, Gabriela; “Filosofía: Esa búsqueda reflexiva”; A-Z Editora; Bs. As.; 1993.
-        Gadamer, Hans-Georg; “Verdad y Método”; Ediciones Sígueme; Salamanca; 1991.
-        Herder; “Diccionario de Filosofía”; Edición digital; Editorial Empresa Herder, Copyright; Barcelona; 1996-1998.
-        Hessen, J.; “Teoría del conocimiento”; Editorial Espasa-Calpe S.A., 10ª edición; Madrid, 1964.
-        Marías, Julián; “Introducción a la Filosofía; Revista de Occidente; Madrid; 1947.
-        Vargas-Mendoza, J. E.; Teoría del conocimiento”; Asociación Oaxaqueña de Psicología A.C.; México; 2006. Disponible en:
      http://www.conductitlan.net/conocimiento.ppt





[1] Herder; “Diccionario de Filosofía”; Edición digital; Editorial Empresa Herder, Copyright; Barcelona; 1996-1998.
[2] Ídem nota 1.
[3] Ídem nota 1.
[4] Marías, Julián; “Introducción a la Filosofía; Revista de Occidente; Madrid; 1947.
[5] Bollnow, Otto F.; “Introducción a la filosofía del conocimiento. La comprensión previa y la experiencia de lo nuevo”; Amorrortu Editores; Bs. As.
[6] El filósofo mencionado será trabajado como cierre de la Unidad 1 correspondiente a “Teoría del conocimiento”, con lo cual se pretende presentar el problema del conocimiento desde la perspectiva del giro lingüístico acontecido en la filosofía contemporánea. 

lunes, 5 de octubre de 2015

Canción " Santa Marta" de Larbanois - Carrero.



Letra

Santa Marta era una villa 
de malvón y rosaleda, 
laureles en la vereda 
y plaza con catedral. 
La gente se saludaba 
y había noches de retreta 
con muchachos en la vuelta 
y banda municipal. 

Las ventanas no tenían reja 
y nadie pasaba cerrojo a la puerta 
y en los mediodías la ciudad desierta 
invitaba a largas tertulias y siestas. 
No había velorio, casamiento o yerra 
que no fuera duelo nacional o fiesta 
en aquel lugar. 
Santa Marta tenía domingos 
de asados y vino, de ruedas de amigos 
en noches de truco guitarreada y canto. 
En tardes de invierno fritando y mateando. 
La gente tenía más tiempo y podía 
compartir las cosas simples de la vida 
de aquella ciudad. 

El progreso poco a poco 
fue cambiando a Santa Marta: 
la televisión por cable 
y el acceso a la Internet. 
La gente se fue olvidando 
de sus cosas cotidianas 
ahora habla en otro idioma 
y vive en otro lugar. 

Santa Marta juega al primer mundo 
gracias a los shoppings y a las hamburguesas 
la comida rápida, la moda inglesa, 
se festeja Halloween ¡vaya sorpresa! 
pero nadie sale sin cerrar la puerta 
sálvese quien pueda se acabó la fiesta, 
la siesta y la paz. 

Santa Marta ahora está inundada 
de música diet, de tiendas extrañas 
y en quintas y campos nadie planta nada 
todo viene hecho y hay papa importada. 
Se persiguen cosas que a nadie interesa 
pero todo el pueblo pierde la cabeza 
si hay liquidación. 

Santa Marta está informada 
de la cumbre de Ginebra 
si la reina estuvo enferma 
o Palermo erró un penal. 
Todo el mundo vive al tanto 
de un millón de cosas nuevas 
pero ya nadie se entera 
lo que pasa en su ciudad. 

Y aunque es malo mantenerse aislado 
cuando todo el mundo está tan conectado 
si el diablo gobierna hay que tener cuidado 
la cultura nunca puede estar de lado 
no todo está en venta, no todo es mercado 
árbol sin raíces no aguanta parado 
ningún temporal.

El sujeto posmoderno y su relación con su smartphone


sábado, 22 de agosto de 2015

Profesora: Antonella Mármol Vila.
Asignatura: Filosofía y Crítica de los Saberes.
Curso: 4º año.


¿Hasta qué punto el lenguaje preforma el pensamiento?

Relevancia del lenguaje en la filosofía de Hans-Georg Gadamer
Selección de textos


   Texto Nº 1: El ser del lenguaje

 “El lenguaje no es un medio más que la conciencia utiliza para comunicarse con el mundo (…) El lenguaje no es un medio ni una herramienta. Porque la herramienta implica esencialmente que dominamos su uso, es decir, la tomamos en la mano y la dejamos una vez que ha ejecutado su servicio. No ocurre lo mismo cuando tomamos en la boca las palabras de un idioma y las dejamos después de su uso en el vocabulario general que tenemos a nuestra disposición. Esa analogía es errónea porque nunca nos encontramos ante el mundo como una conciencia que, en un estado a-lingüístico, utiliza la herramienta del consenso. El conocimiento de nosotros mismos y del mundo implica siempre el lenguaje, el nuestro propio. Crecemos, vamos conociendo el mundo, vamos conociendo a las personas y en definitiva a nosotros mismos a medida que aprendemos a hablar. Aprender a hablar no significa utilizar un instrumento ya existente para clasificar ese mundo familiar y conocido, sino que significa la adquisición de la familiaridad y conocimiento del mundo mismo tal como nos sale al encuentro.”

Gadamer, Hans-Georg; “Verdad y método II”; Capítulo XI:Hombre y   lenguaje;    Editorial Hermeneia.


   Texto Nº 2Relación entre lenguaje y pensamiento

“La duda radical es si podemos evadirnos del círculo mágico de nuestra educación lingüística, de nuestros hábitos lingüísticos y de nuestro modo de pensar mediado lingüísticamente (…)
Nadie negará que nuestro lenguaje ejerce una influencia en nuestro pensamiento. Pensamos con palabras. Pensar significa pensarse algo. Y pensarse algo significa decirse algo. En este sentido Platón conoció a la perfección la esencia del pensamiento cuando lo define como el diálogo interno del alma consigo misma (…) Es nuestra experiencia lingüística (…) la que abre y ordena el mundo en todos los ámbitos de la experiencia. Lo que nos ocurre en el lenguaje, nos ocurre también en nuestra propia orientación vital: estamos familiarizados con un mundo preformado y convencional. No hay ninguna frontera para el diálogo del alma consigo misma. Tal es la tesis que yo opongo a la sospecha de ideología lanzada contra el lenguaje.
Es, pues, la pretensión de universalidad del lenguaje lo que voy a defender con razones. Podemos convertir todo en lenguaje y podemos tratar de ponernos de acuerdo sobre todo.” 

Gadamer, Hans-Georg; “Verdad y método II”; Capítulo XV: ¿Hasta qué  punto el  lenguaje   preforma el pensamiento?; Editorial Hermeneia.


   Fragmentos: Interpretación y comprensión del mundo

“(…) el lenguaje es el medio universal en el que se realiza la comprensión misma. La forma de realización de la comprensión es la interpretación.”

“Todo comprender es interpretar, y toda interpretación se desarrolla en el medio de un lenguaje que pretende dejar hablar al objeto y es al mismo tiempo el lenguaje propio de su intérprete.”

 “El lenguaje no es sólo una de las dotaciones de que está pertrechado el hombre tal como está en el mundo, sino que en él se basa y se representa el que los hombres simplemente tengan mundo (…) esta existencia del mundo está constituida lingüísticamente.”

“(…) el lenguaje sólo tiene su verdadera existencia en el hecho de que en él se representa el mundo.”

Gadamer,  Hans-Georg;  “Verdad y método”;   Capítulo IX: “La historicidad de la comprensión como principio hermenéutico”; Ediciones Sígueme; Salamanca; 1977.

viernes, 7 de agosto de 2015

Antropología filosófica - Ernst Cassirer

Prof. Antonella Mármol Vila.
Asignatura: Filosofía y Crítica de los Saberes.
Curso: 1º Bachillerato.


Selección de texto perteneciente al libro: “Antropología filosófica”
Autor: Ernst Cassirer.


“El hombre, como si dijéramos, ha descubierto un nuevo método para adaptarse a su ambiente. Entre el sistema receptor y el efector, que se encuentran en todas las especies animales, hallamos en él como eslabón intermedio algo que podemos señalar como sistema “simbólico”. Esta nueva adquisición transforma la totalidad de la vida humana. Comparado con los demás animales el hombre no sólo vive en una realidad más amplia sino, por decirlo así, en una nueva dimensión de la realidad. Existe una diferencia innegable entre las reacciones orgánicas y las respuestas humanas. En el caso primero, una respuesta directa e inmediata sigue al estímulo externo, en el segundo la respuesta es demorada, es interrumpida y retardada por un proceso lento y complicado de pensamiento. A primera vista semejante demora podría parecer una ventaja bastante equívoca; algunos filósofos han puesto sobre aviso al hombre acerca de este pretendido progreso. El hombre que medita, dice Rousseau, “es un animal depravado”: sobrepasar los límites de la vida orgánica no representa una mejora de la naturaleza humana sino su deterioro.
Sin embargo, ya no hay salida de esta reversión del orden natural. El hombre no puede escapar de su propio logro, no le queda más remedio que adoptar las condiciones de su propia vida; ya no vive solamente en un puro universo físico sino en un universo simbólico. El lenguaje, el mito, el arte y la religión constituyen partes de este universo, forman los diversos hilos que tejen la red simbólica, la urdimbre complicada de la experiencia humana. Todo progreso en pensamiento y experiencia afina y refuerza esta red. El hombre no puede enfrentarse ya con la realidad de un modo inmediato; no puede verla, como si dijéramos, cara a cara. La realidad física parece retroceder en la misma proporción que avanza su actividad simbólica. En lugar de tratar con las cosas mismas, en cierto sentido, conversa constantemente consigo mismo. Se ha envuelto en formas lingüísticas, en imágenes artísticas, en símbolos míticos o en ritos religiosos, en tal forma que no puede ver o conocer nada sino a través de la interposición de este medio artificial. Su situación es la misma en la esfera teórica que en la práctica. Tampoco en ésta vive en un mundo de crudos hechos o a tenor de sus necesidades y deseos inmediatos. Vive, más bien, en medio de emociones, esperanzas y temores, ilusiones y desilusiones imaginarias, en medio de sus fantasías y de sus sueños. “Lo que perturba y alarma al hombre —dice Epicteto—, no son las cosas sino sus opiniones y figuraciones sobre las cosas.”

Cassirer, E.; “Antropología filosófica”; F.C.E.; México; 1963.